Hombre y mujer, el binomio perfecto
¿Qué debemos saber sobre las diferencias entre la psicología masculina y femenina, y para qué?
Un hombre busca a una mujer y una mujer busca a un hombre y cuando finalmente se encuentran todo es felicidad, hasta que con el tiempo, cuando la adrenalina de los primeros tiempos se va diluyendo, empiezan a hacer su aparición los conflictos, el hombre no puede entender las exigencias de la mujer y la mujer no puede entender la poca expresividad de los hombres, eso hace que empiecen las diferencias, con el tiempo éstas se van profundizando, hasta que llega un momento en que la convivencia se torna imposible. ¿Le parece conocida la historia?
Lo que sucedió es que antes de entablar una relación, lo primero que hubo que saber es que los hombres y las mujeres no somos iguales, sólo que nadie nos lo dijo. Pero todo tiene solución en esta vida y siempre es posible aprender y si queremos que nuestra vida sea más armoniosa lo primero que tenemos que aprender es que la mentalidad del hombre y la mujer es muy diferente, mientras que la visión psicológica de él se orienta hacia afuera, la de ella mira hacia adentro. Las formas de éxito de él están en las conquistas externas, los objetos, las cosas materiales y el dinero, las de ella son interiores, la mujer prefiere conquistar sentimientos, mantener la armonía dentro del hogar, para la mujer son más importante los lazos familiares y amicales.
El conflicto se ha profundizado en las últimas décadas porque el estilo de vida ha ido cambiado , todo pasa tan rápido que queda poco tiempo y poco interés por entender el punto de vista de la otra persona, y no sólo sucede con la pareja, sino en las relaciones en general, ha habido como un olvido de cómo es la psicología del ser humano, está faltando educación por roles, hemos olvidado que las características naturales de un hombre y una mujer también influyen en el rol que van a cumplir en sus relaciones personales como seres humanos. Los cierto es que los hombres y las mujeres son expresiones de dos polaridades contrarias que existen en la naturaleza, pero eso no debe llevar a un enfrentamiento, ni a tratar de buscar la igualdad, sino la complementariedad.
En otros tiempos, el rol de la mujer era fundamental en la educación de los seres humanos. Era en el núcleo familiar donde se enseñaban las reglas básicas de convivencia entre el hombre y la mujer, eran las abuelas y las madres las que enseñaban a las hijas cómo tenía que ser su rol, las sensibilizaban para que tengan capacidad de comprensión de la psicología masculina y de esta manera, las uniones se mantenían por mucho más tiempo, incluso esta dedicación de la mujer no sólo se limitaba a la duración del vínculo familiar, sino que se proyectaba a la educación de la pareja, buen esposo, buen padre y buen ciudadano.
Con el paso del tiempo empezaron los reclamos por parte de algunas mujeres que sentían que se les había reducido a las tareas domésticas por el rol pasivo que tenían en relación a los hombres, olvidándose que la mujer por sus propias características se expresa a través de los sentimientos, olvidando que su rol principal es educar y fortalecer vínculos. La mujer entró a la competencia por la igualdad con el hombre y si bien es cierto, alcanzaron éxitos laborales, perdieron su esencia femenina, la de proveer sentimientos de amor, bienestar y armonía.
Por su parte, el hombre se sintió desconcertado, se confundió y también olvidó su rol de protector y su gran potencialidad que es el valor. La mujer quiere a un hombre no en el sentido sexual, sino en el sentido psicológico, que tenga carácter masculino, que tenga firmeza, decisión, que la acompañe, le de seguridad y que tenga el valor para enfrentar la vida juntos.
La mujer busca al hombre y el hombre busca a la mujer para complementarse. El hombre busca a una mujer femenina y la mujer busca a un hombre bien masculino. No hay igualdad entre el hombre y la mujer, por que las maneras de pensar y de actuar son diferentes, en el aspecto físico y sobre todo en el psicológico. La pretendida igualdad de sexos sólo ha contribuido a la generación de conflictos.
Los valores que han sido el pilar de las relaciones entre el hombre y la mujer no han desparecido porque son atemporales, siguen vigentes porque los seres humanos de esta época los seguimos necesitando, por eso, si queremos llevar una vida más armoniosa, tenemos que hacer un esfuerzo mutuo, educarnos, desarrollarnos emocional y psicológicamente y fortalecer los roles que nos corresponden en la vida como damas y caballeros.