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estas son las muñecas que mi mamá sigue guardando 

Mi muñeca, mi hija

Publicado: 2015-03-14

Las mujeres nacemos madres. El instinto maternal es el rasgo femenino que se marca más temprano. El amor que las niñas sienten por sus muñecas es un sentimiento que surge espontáneamente sin necesidad de que alguien nos lo enseñe.  

Es natural ver a las niñas cargando a sus muñecas en brazos como si fueran sus bebés, les ponen un nombre, les cambian de ropa, las bañan y les dan de comer. La niña y su muñeca se vuelven compañeras inseparables, una no puede ir a ningún lado sin llevar a la muñeca, porque eso sería como abandonar a la hija.

Como suele ocurrir con los hijos, y aunque las madres lo nieguen, siempre hay un hijo preferido. Con las niñas ocurre lo mismo, siempre existe una muñeca favorita, esa que nos acompaña a todo lado. Debe ser que hay un “algo” dentro de ellas, como un espíritu que las anima y que es lo que conecta con la niña.

Cada muñeca es diferente. La niña se relaciona con cada una de una manera diferenciada. Con una, porque es la primera que llegó a su vida, con otra, porque parece la más vulnerable, con otra, porque es la más bonita, y así, lo cierto es que de alguna forma, la niña siente que cada una de ellas tiene su propia personalidad.

Algo totalmente cierto es que las niñas llegan a tener una cierta comunicación con sus muñecas y, si, es común verlas hablando con ellas. Y esa leyenda de los juguetes que cobran vida en las noches cuando los humanos duermen, siempre está en el inconsciente del niño.

Hay niñas, -como lo fue quien escribe-, que no pudieron separarse de sus muñecas hasta la adolescencia. En mi experiencia, fueron parte importante de mi vida hasta la navidad de los 12 años y también me queda el nítido recuerdo de las veces en que me despertaba en medio de la noche con la esperanza de sorprenderlas jugando entre ellas, pero para bien de mi salud mental, nunca ocurrió.

En un momento de la vida, el universo de las muñecas y los juguetes pasan a ser todo para las niñas. Recuerdo la inquietud que me causaba el imaginar a mis primas pequeñas cogiendo a mis muñecas. Dos niñas pasaban las mañanas en mi casa, mientras su mamá, mi tía se iba a trabajar. Recuerdo que era una pesadilla imaginármelas en mi cuarto con mis muñecas. Me sentía como una madre celosa con sus hijos, como si estuvieran profanando ese espacio sagrado que era el lugar que mis muñecas ocupaban en mi vida.

El amor maternal es inherente a la mujer. Hemos nacido para cuidar el hogar y a la familia y empezamos a practicar desde la infancia; pero, cosa curiosa, al igual que en la niñez donde no hay un padre, así en la adultez, muchas veces las madres terminan criando a sus hijos solas.


Escrito por

Ana Ayquipa Cabrera

Comunicadora, bloguera de cultura


Publicado en