Siria, entre el esplendor y la decadencia
El pueblo sirio agoniza y felizmente muchos gobiernos del mundo están mostrando su solidaridad recibiéndolos en sus territorios, pero antes de darles la bienvenida, es bueno saber que aunque hoy está en decadencia, Siria fue una de las civilizaciones más grandes del mundo. Están en la historia de la humanidad desde el principio; formaban parte de lo que fue Mesopotamia, la zona donde se registró la epopeya de Gilgamesh, la obra literaria más antigua de la especie humana, construyeron grandes templos como los Zigurat, considerados como la morada de los dioses y en su territorio ocurrieron muchos hechos bíblicos como el de la Torre de Babel, el Gran Diluvio Universal y muchos más.
Después de 16 mil años de historia, los sirios están huyendo a cualquier lugar lejos de su tierra, escapando de la muerte, de la guerra civil, del enfrentamiento ciego en el que muchos grupos se encuentran, pero este pueblo tuvo una civilización magnificente, conoció muchos momentos de grandeza, muchos imperios y también grandes guerras.
Los sirios conocieron los esplendores del imperio romano y el nacimiento del cristianismo, luego llegaron los califatos del Islam que construyeron la maravillosa mezquita de Damasco. Ellos fundaron la gran ciudad árabe de Córdova en España y de esa manera influenciaron la cultura española que luego llegó a nosotros.
Hace 9 siglos cuando Inglaterra era apenas un villorrio, ellos vivían en Córdova, una ciudad perfectamente administrada con calles que ya contaban con alumbrado público. Por Siria pasaron muchos pueblos, los árabes, arameos, fenicios, kurdos, judíos, romanos y cada uno fue dejándole algo que los convirtió en una gran cultura.
En Siria nació la escritura, los grandes algebristas y la filosofía sufí del gran Nasrudim. Ahí estuvieron Nabucodonosor y Alejandro Magno, ahí están los mosaicos más bellos del mundo, los brocados más maravillosos que se puedan encontrar y la comida, cuyos sabores llegaron a latinoamericana con la conquista española.
Lamentablemente, tal como en la época de la Torre de Babel, parece que sus autoridades fueron perdiendo el don de la comunicación y una mala decisión tras otra terminaron por sumir a este pueblo en la desgracia. La gente lo ha perdido casi todo, están en ruina material y sobre todo en ruina moral, han perdido hasta la memoria, muchos de ellos ya ni siquiera recuerdan la grandeza de otros tiempos, hecho que llena de tristeza al mundo.
Esta triste realidad que hoy vive Siria nos hace pensar en la Ley de la Ciclicidad, y cómo ésta nos alcanza a todos, a los seres humanos y a las civilizaciones. Hay un tiempo de gloria y un tiempo de caída, tiempo para vivir y tiempo para morir, tiempo para reír y tiempo para llorar, tiempo de ganar y tiempo de perder, tiempo para dormir y tiempo para estar despiertos. Estos momentos forman parte de la vida y no hay nada que se pueda hacer para evitarlos, pero ayuda tener el conocimiento, para saber cuándo solo queda resignarse y seguir adelante hasta que un buen viento sople fuerte y nos vuelva a llevar hacia arriba, adonde nunca debemos dejar de aspirar.
Ana Ayquipa Cabrera